Dos listas

A veces pensamos que si nos preocupamos lo suficiente por algo, de alguna forma lo vamos a arreglar. Que darle vueltas a un problema a las dos de la mañana cuenta como trabajar en él. Hace casi dos mil años, un hombre que había sido esclavo en Roma pensó en eso mismo y llegó a una idea tan sencilla que la primera vez que la leí me pareció obvia. Llevo ya un tiempo tratando de usarla casi todos los días.
Instrucciones de uso
Epicteto fue un filósofo griego del siglo I. Nació esclavo, lo llevaron a Roma y, ya libre, abrió una escuela de filosofía en Grecia. Nunca escribió nada. Lo que sabemos de él lo anotó uno de sus alumnos, y una parte terminó en un libro llamado Enquiridión, que significa algo así como “lo que tienes a la mano”. Empieza así:
Algunas cosas dependen de nosotros y otras no.
Y luego las separa. Dependen de nosotros nuestras opiniones, lo que buscamos, lo que deseamos, lo que evitamos, nuestras acciones. No dependen de nosotros el cuerpo, los bienes, la reputación, los cargos.
En uno de los capítulos de ese libro, dice que a la gente no la perturban las cosas, sino lo que opina de las cosas.
Pues vamos a comer
Y cuenta una historia que me encanta. Un senador romano llamado Agripino estaba siendo juzgado en el Senado. Le avisaron y él dijo que ojalá saliera bien, pero que ya era su hora de hacer ejercicio y darse un baño frío, así que se fue. Al regresar le dijeron que lo habían condenado. Preguntó si al exilio o a muerte. Al exilio. Preguntó si le quitaban sus bienes. No. “Entonces vamos a Aricia a comer”.
La historia de Agripino me hizo ver que no fingió que no le importaba. Preguntó si era exilio o muerte, preguntó por sus bienes. Averiguó lo que necesitaba saber y después se fue a comer.
El clima y yo
Cuando leí las dos listas, lo primero que pensé fue: bueno, obvio. Nadie cree que controla el clima.
Luego me fijé en que la reputación está en la segunda lista. Lo que la gente piensa de mí está junto al clima, y yo le dedico mucho más tiempo a eso que al clima.
Ahí me cayó el veinte. Una buena parte de lo que me preocupa no me toca a mí resolverlo, por más vueltas que le dé.
¿Esto es mío?
Cuando algo me da vueltas en la cabeza, me hago una pregunta: ¿esto es mío o no?
A veces lo escribo en dos columnas en una nota del celular. Casi siempre la de lo que no depende de mí es más larga, y es la que me quita el sueño. La otra suele tener una o dos cosas chiquitas: mandar un mensaje, cerrar la laptop, dormir y verlo mañana.
No siempre me sale. Hay noches en que me descubro dándole vueltas a algo que claramente no es mío. Pero ahora me doy cuenta más rápido.
Sin debugger
Creo que porque llevo años queriendo arreglarlo todo. En el trabajo eso funciona: si algo falla, hay una causa y la encuentras. Con la gente no siempre hay algo que yo pueda corregir.
Y me ayuda recordar de quién viene la idea. Epicteto había sido esclavo y sabía lo que era que otros decidieran por él. Aun así, insistía en distinguir lo que dependía de uno.
Si te pasa lo mismo, la próxima vez que algo no te deje dormir, pregúntate si es tuyo.